10.1.06

No somos los únicos y no están solos

Seguramente ya conocéis el chiste de la pareja del parque. Están sentados ambos en un banco y en un momento determinado le pregunta ella:
- ¿En qué piensas?
- En lo mismo que tú, la contesta él.
- Uy, ¡qué "cerdo" eres!, sentencia ella.
Más de una vez pensamos que nuestros pensamientos son únicos y por lo tanto irrepetibles en otras mentes; pensamos que quién va a estar generando ese mismo pensamiento en otro espacio, sea próximo o lejano.
No nos damos cuenta que no estamos solos en la Tierra, no nos damos cuenta que somos personas y que por esta condición tan simple y básica a la vez, todos los seres humanos, al mismo tiempo que únicos e irrepetibles, compartimos unos mismos anhelos, compartimos unas mismas frustaciones, compartimos un sinfin de esperanzas, compartimos más vivencias que menos, ... quizás, lo que nos haga pensar lo expuesto arriba- pensamientos únicos e irrepetibles- sea la falta de comunicación.
Pero, cuando manifestamos nuestros anhelos al igual que el resto de los diversos aspectos que conforman nuestro yo, los demás aprecian y comprueban que no estaban solos. Comprueban que su yo está constituido por los mismos ingredientes, complementos que los nuestros.
Cuando analizamos y tratamos de comprender decisiones y actuaciones adoptadas por una persona que, por su gravedad y su transcendencia en la vida de muchas, muchísimas personas, podríamos considerar inexplicables e inviables, no nos damos cuenta de: no estaba solo/a. Aunque él/ella fue la primera persona en hacer público dicha afirmación o en tomar una decisión, otras personas lo/la secundaron porque compartían la misma. Si no fuera así, ¿como es posible que una sola persona pueda arrastrar a una masa indeterminada, aunque dicha masa en su individualidad estuviese en un principio constituida por personas únicas e irrepetibles, en la realización de actos execrables?